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lunes, junio 21, 2021

Ser negra y mujer, la doble discriminación en Brasil

Las historia de una rapera, una profesora y una modista ilustran la lucha de las mujeres negras en Brasil, condenadas desde siempre al trabajo doméstico.

Las cosas más cotidianas, como comprar una muñeca en la infancia, bailar con los compañeros en el colegio o, ya de mayor, ponerse unas medias, siempre fueron una complicación para Maria Lucia Archanjo.
De pequeña no se atrevía ni a participar en las fiestas con los otros niños por miedo al rechazo. En su juventud, cuando ella y sus hermanas querían salir, se teñían antes las medias.

A Mara, como la llaman, nacida hace 59 años en Jundiaí, en el gran São Paulo, le impidió estudiar  su marido después de dar a la luz al primero de sus tres hijos. La recién nacida era una niña que, cuando se hizo adolescente, pedía maquillaje, pero la madre no sabía dónde encontrar el adecuado para su piel negra.

Y pese a todo, Mara, que trabaja de costurera por cuenta propia, proclama con orgullo: “Si fuera blanca, no sería tan feliz”.

La falta de identidad en un país donde la mayoría de las mujeres son negras —el 52% de los 206 millones de brasileños tiene raíces africanas— la llevó a militar desde los años 80 en el movimiento para reivindicar sus derechos. Desde entonces, las cosas han cambiado mucho.

El año pasado, el movimiento negro también alcanzó un hito al conseguir que la Constitución consagrase los derechos laborales de las empleadas domésticas, que hasta entonces estaban a merced de los caprichos o la generosidad de los patrones. Porque esa es la profesión a la que se dedican el 18% de las negras brasileñas.

De las seis millones de mujeres que ejercen ese trabajo en el país, el 61% tiene raíces africanas. Joyce Fernandes ha trabajado buena parte de sus 31 años como empleada doméstica. Primero, en la adolescencia, ayudando a su madre.

Después, llevando ella misma una casa.
Ese parecía su destino inevitable, como se encargaba de recordarle aquella patrona que le decía que no debería estudiar, que lo mejor era conformarse con ser feliz en su profesión, la misma que habían tenido su madre y su abuela. Pero ella se rebeló. Y entró en la universidad para estudiar Historia, una oportunidad al alcance de apenas el 12% de la población negra de Brasil.

Ahora Joyce es más conocida como Preta Rara. Ha comenzado una carrera como cantante de rap y se ha convertido en una activista en defensa de las empleadas domésticas a través de un diario que publica en su página de Facebook. “Mi intención siempre fue dar visibilidad y voz a esas mujeres, para que ellas pudieran hablar en primera persona”, cuenta.  “El trabajo doméstico es como cualquier otro, pero en Brasil aún funciona como subempleo. Cuando la mayoría de las patronas dicen que la empleada es como si fuera de la familia, lo que quieren es negar todos los derechos laborales de la mujer. Es muy parecido al tratamiento que las viejas señoritas de los terratenientes daban a las esclavas de la casa”.

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