Israel quitó los detectores de metal. Los palestinos reclaman que el retire también los vallados y las cámaras de seguridad.
Las autoridades musulmanas decidieron mantener el boicot de la Explanada de las Mezquitas, un lugar santo del islam en Jerusalén Este -ocupado por Israel-, a pesar de la retirada de los detectores de metales en la entrada. Su instalación desató una ola de protestas y enfrentamientos que terminaron con ocho muertos, cinco palestinos y tres israelíes.
Ayer a la madrugada operarios israelíes empezaron a levantar los detectores, pero mantuvieron otras medidas de seguridad que irritan a los palestinos, como corredores vallados y cámaras especiales en varios puntos de la zona. La Autoridad Nacional Palestina exige que también se retiren estas instalaciones.
Los palestinos ven en estas acciones una toma de control del lugar de culto musulmán. La Explanada alberga la Mezquita de Al Aqsa y la Cúpula de la Roca, y es considerada el tercer lugar más sagrado en el islam. Al mismo tiempo es el lugar más sagrado para el judaísmo, que lo denomina Monte del Templo, a cuyos pies se encuentra el Muro de los Lamentos.
Israel decidió retirar los detectores tras una intensa movilización diplomática internacional y por temor a que los enfrentamientos de los últimos días se extiendan a todos los territorios palestinos. También influyó en la decisión una crisis diplomática con Jordania a raíz de un incidente mortal en la embajada de Israel en ese país.
El giro israelí coincide, además, con la llegada a Israel del emisario para Oriente Medio del presidente estadounidense Donald Trump, Jason Greenblatt, y las declaraciones del enviado de la ONU para Oriente Medio, Nickolay Mladenov sobre la necesidad de encontrar una solución para el viernes.
Desde hace días y como signo de protesta, cientos de musulmanes decidieron rezar en el exterior, donde ayer varios miembros de las fuerzas de seguridad israelíes seguían vigilando la entrada del lugar santo.
Los detectores de metales fueron instalados el 16 de julio, dos días después de la muerte de dos policías a manos de tres árabes israelíes, que según los autoridades escondieron sus armas en la explanada. A partir de allí comenzaron las protestas palestinas y la reacción de las fuerzas de seguridad israelíes.
Los violentos enfrentamientos estallaron en varias ocasiones la semana pasada entre manifestantes y las fuerzas de seguridad israelíes. Dejaron un saldo de cinco palestinos muertos y decenas de heridos en Jerusalén Este y en Cisjordania, donde tres israelíes fueron asesinados por un palestino en una colonia.
El presidente palestino, Mahmud Abbas, decidió cortar los contactos de coordinación con Israel, medida que mantendrá por el momento. “Continuaremos con la congelación de las relaciones bilaterales con Israel y pararemos toda coordinación en seguridad hasta que se eliminen las instalaciones que ha puesto en Al Aqsa”, advirtió.
El enviado especial de la ONU, Nickolay Mladenov, sostuvo que la crisis en la Ciudad Vieja de Jerusalén ha vuelto a poner de manifiesto el “grave riesgo de una escalada”, y la posibilidad cierta de que el conflicto tome un tinte abiertamente religioso, con consecuencias en toda la región.
Información: Clarín