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viernes, agosto 19, 2022

Allison Mack cumple 40 años en una celda: de estrella de TV con Smallville a condenada por liderar una secta

La actriz purga una condena de tres años por su participación como reclutadora y organizadora de los abusos a los que sometieron NVIXM y su fundador Keith Raniere. Cómo era el rito iniciático. Las mujeres marcadas a fuego como ganado. Los desnudos como garantía. El juicio y la caída de la actriz.

Hoy, en la prisión de la californiana ciudad de Dublin, a unos pocos kilómetros de San Francisco, tal vez a una de las internas le permitan recibir más visitas que lo acostumbrado. Ella lleva el número 90838-053 -su identificación dentro del sistema penitenciario- colgado en el costado izquierdo de su traje naranja de presidiaria.

Es una fecha especial para ella. Cumple 40 años. Debe tratarse del festejo más triste de su vida.

Allison Mack, la actriz que durante diez temporadas encarnó a Chloe Sullivan, la mejor amiga del joven Clark Kent en la serie Smallville, hoy llega a los 40 mientras cumple con la condena de tres años de prisión que recibió a mediados del año pasado por haber integrado la secta NXIVM comandada por Keith Raniere. La caída fue abrupta. De estrella de la televisión a reclusa.

De todas maneras, cuando escuchó la sentencia que la enviaba tras las rejas durante tres años y la obligaba a pagar 20.000 dólares de multa se sintió aliviada. El fiscal había pedido para ella 14 años.

Allison Mack nació en Alemania en 1982. Su padre, cantante de ópera, estaba actuando en ese país. Dos años después sus padres se mudaron a Estados Unidos. Actuó desde muy chica. Consiguió su primer papel a los 7 años. Después con altibajos participó en muchas publicidades, obras de teatro, series y películas. Su gran oportunidad llegó en 2001 con su papel de Chloe en Smallville, la serie que cuenta la juventud de Superman. El personaje durante algunos años tuvo una miniserie paralela en la web, Smallville: Chloe Chronicles. Y en 2008 hasta llegó a ser la directora de un capítulo.

Un año después de terminar la serie sobre Superman, entre 2012 y 2014, apareció esporádicamente en la comedia Wilfred.

Tras algunos traspiés y de un estancamiento en su carrera ingresó en NXIVM, llevada por una compañera de elenco. Luego de hacer algunos de los cursos iniciales de superación personal, su belleza y fama, llamaron la atención de Keith Raniere, el líder de la organización. Al finalizar uno de los cursos, alguien se acercó y la invitó a conocer a Raniere. Le dijeron que sería la invitada especial y que le pondrían un avión privado a su disposición. El encuentro entre el líder y la actriz se dio pocas horas después. A partir de ese momento NXIVM pasó a ser el centro de la vida de Allison. Su carrera actoral quedó postergada. También estaba en pareja con el actor Sam Witwer pero el compromiso se deshizo.

Raniere se llama Keith pero siempre prefirió que lo llamaran Vanguard (Vanguardia). Spoiler: él también está en prisión pero su pena como responsable máximo, como abusador y por un cargo de violación de una chica de 15 años fue mayor. No saldrá en libertad ni siquiera si ocurriera un milagro de longevidad. El juez lo sentenció a 120 años de reclusión.

Raniere fue el fundador y el líder de NXIVM, una sociedad que al mismo tiempo era una empresa que brindaba cursos de superación personal, una secta, una agrupación delictiva y un vehículo que permitía el abuso de mujeres. Los cursos y seminarios se presentaban como ideales para el desarrollo personal y profesional de sus participantes. Cada uno de ellos salía miles de dólares y estaban organizados de tal manera que uno se concatenaba con otro. Así la formación de un alumno/cliente insumía mucho tiempo y una ingente cantidad de dólares. Raniere estaba convencido que era “el hombre con el coeficiente intelectual más alto del mundo”; lo decía cada vez que podía (lo cual hacía poner en duda el postulado). Su poder de convicción, con su hablar sereno y envolvente, hizo que, en pocos años, sus adeptos se multiplicasen.

La organización tenía varias células diferentes. Una de ellas estaba integrada solo por mujeres. Una especie de grupo exclusivo, con un ingreso muy restringido. A sus integrantes les hacían creer que pertenecer era un enorme y exclusivo privilegio. Ese subgrupo selecto y secreto estaba a cargo de Allison Mack. Se llamaba DOS (Dominus Obsequious Sororium). Se presentaba como un lugar de empoderamiento femenino. Esa definición no era más que un eufemismo.

La arenga con la que se convocaba a las jóvenes era más o menos siempre la misma: “Somos mujeres que se reúnen y se comprometen de tiempo completo, la una con la otra, para volver nuestros yoes más poderosos, para impulsarnos a enfrentar nuestros peores miedos y exponer las mayores vulnerabilidades, a sabiendas de que estamos lado a lado sin importar lo que suceda y para cumplir nuestra palabra al sobrellevar el dolor”, decía con convicción Allison Mack.

La admisión requería de varios pasos. El primero era un juramento de lealtad y de sumisión. Después había que entregar garantías. Las mujeres eran obligadas a revelar secretos familiares, muchos inconfesables, ante una cámara: sus palabras quedaban registradas. Ese desnudo emocional no alcanzaba. Allison Mack, la reclutadora, exigía una segunda garantía. El desnudo también debía ser físico. La aspirante debía enviarle fotos sin ropa que eran guardabas bajo amenaza de hacerlas públicas ante una defección.

La dinámica de la relación era de sumisión absoluta. La novata debía someterse ante Raniere, Allison o quienes ellos dispusieran. Amos y esclavos. Hasta que lograra subir un escalón en el organigrama y ella tuviera sus propias siervas.

El rito iniciático era atroz. 3 o 4 mujeres en una habitación. Su ama les venda los ojos y les ordena desnudarse. Todas obedecen sin dudar. Su voluntad ya está doblegada. Mientras se sacan la ropa, aunque no ven nada, saben que las demás hacen lo mismo. Luego las empujan hacia una camioneta. Viajan desnudas, solo con la venda en los ojos, recorren unos kilómetros. No saben dónde van.

En el destino, alguien las ayuda a bajar. Entran a una casa. Una de las mujeres, tal vez, espía por debajo de la tela y ve que es una vivienda lujosa. Acuestan a la primera en una camilla. De pronto el resto escucha unos gritos desgarradores y olor a carne quemada. Como si fueran ganado, las marcan. En la ingle. Los gritos y las lágrimas no detienen la operación. La que soporta estoica la tortura es felicitada y puesta de ejemplo. En el aire persiste el hedor dulzón de la piel carbonizada. En sus ingles queda, marcado a fuego, un símbolo extraño.

Ya pasado el momento, ya en sus casas, y con la ayuda de un espejo, las víctimas lo podrán descifrar. Si se lo mira vertical, el jeroglífico se convierte en una A y una M, las iniciales de Allison Mack. De costado, con una mirada apaisada, lo que surge no causa, a esa altura, sorpresa alguna. Con claridad, en ese tatuaje labrado a hierro caliente (o con un bisturí eléctrico), cauterizado en la piel, aparecen una K y una R, las primeras letras del nombre y el apellido del líder, Keith Raniere, el que luego tendrá acceso sexual a las mujeres iniciadas, las señalizadas con sus iniciales.

Ser miembro de DOS significaba convertirse en esclava. Se pasaba a ser parte de una estructura piramidal en la que las mujeres que ocupaban los puestos superiores eran las amas de las inferiores en esa jerarquía. Las esclavas debían estar disponibles las 24 horas del día por si eran llamadas por Allison Mack o Raniere. Estaban obligadas a estar bajo permanente dieta y debían someterse a las iniciativas sexuales de los líderes.

Quien violara la confidencialidad, cometiera lo que Mack o Raniere consideraban una indisciplina o la que no obedeciera ciegamente se arriesgaba a que las fotos y confesiones brindabas al comienzo, material sensible e íntimo, se difundiera. Un procedimiento claramente extorsivo.

Una secta con esclavas sexuales, lavado de cerebro y hasta marcas de propiedad como si se tratara de ganado.

Allison convencía a sus esclavas que tener relaciones sexuales con Raniere tenía poderes “curativos”. A él le gustaban las mujeres muy flacas, por eso todas estaban sometidas a dietas de menos de 800 calorías diarias. La otra gran obligación que tenían las esclavas era la de reclutar otras mujeres. Si no lo hacían, Mack ejercía una presión insoportable sobre ellas, siempre blandiendo las fotos, filmaciones y datos sensibles que tenían atesorados de cada una de ellas. El incentivo era el acceso al líder, las puertas que podría abrir Mack (cada vez más cerradas desde su involucramiento en la secta) y que ellas podían tener sus propias esclavas a disposición.

Allison Mack, y su anterior fama, ejercían de imán. Las aspirantes eran jóvenes, flacas y bellas. Todas parecían seguir el mismo patrón físico, el del gusto de Raniere. Son muchos los testimonios que coinciden en afirmar que Mack era la principal reclutadora y la cabeza de DOS.

Uno de sus intentos más notorios de reclutamiento se dio a través de Twitter en febrero de 2016. Arrobó en un tuit a Emma Watson invitándola a su grupo. “Participo de un movimiento humanitario único para el desarrollo de las mujeres. Me encantaría hablarte de él. Como colega tuya sé que compartimos la mirada del mundo. Creo que podríamos trabajar juntas. Avisame si estás dispuesta a conversar”. Mack no recibió respuesta pública de la actriz de Harry Potter.

Allison Mack era la jefa (ama) de un pequeño ejército de casi 20 mujeres que estaban a disposición de ella y de Raniere y que no podían mantener relaciones amorosas ni sexuales con otras parejas. Tampoco podían exigir ver con mayor frecuencia a Vanguardia. Solo debían estar disponibles (y extremadamente delgadas) para cuando fueran requeridas para sesiones sexuales individuales o grupales.

La dinámica diaria de las esclavas requería que le pidieran a su ama permiso para comer (en el juicio una de las víctimas narró cómo durante semanas se culpó por los problemas de erección de Raniere porque ella tenía dos kilos de más de los que le requerían) y hasta para dormir, que reportaran sus movimientos y cada alimento que ingerían. Aunque no hubiera ninguna actividad planeada debían ponerse a disposición de su ama y de Vanguardia. Cada tanto todas, ama y esclavas, se sacaban una “Foto Familiar”. Desnudas, abrazadas y con amplias sonrisas enviaban una imagen a Raniere.

Allison Mack, en cualquier momento del día, enviaba un mensaje a una de sus esclavas. El texto solo era un signo de interrogación. La respuesta debía llegar en menos de un minuto. “Acá estoy. Lista, Ama”. Quién se retrasara sufriría castigos físicos. Golpes con lonjas de cuero, duchas heladas o algún otro martirio.

La sentencia judicial se demoró por la pandemia. Mientras tanto la actriz debió cumplir prisión domiciliaria (en la casa de sus padres y sin acceso a teléfonos celulares ni dispositivos con conexión a internet) y pagar una fianza de 5 millones de dólares.

En esos días intentó cursar algunas materias en la Universidad de Berkeley pero fue repudiada por los otros estudiantes. También se divorció de Nicki Clyne, una actriz canadiense de la serie Battlestar Galactica, que también integraba la secta, con la que fue obligada a casarse para que Clyne obtuviera la ciudadanía norteamericana. Recién se supo públicamente del casamiento cuando las investigaciones por los delitos de NXIVM salieron a la luz.

Primero fue Raniere el condenado con 120 años. El fiscal pidió para Mack 14 años. Pero su pena fue morigerada porque ella decidió colaborar con la investigación. Contó a los fiscales cómo era la trama de la organización, el modus operandi de los sometimientos y señaló a Raniere y a otros responsables de NXIVM.

De esa manera logró que la acusación inicial por tráfico sexual, abusos y la de organizar trabajo esclavo fuera dejada de lado y que sólo se la acusara por Racketeering, algo similar a integrar una asociación ilícita, de ser parte de una organización delictiva, y por extorsión. Su reconocimiento de culpabilidad se redujo a esos dos delitos.

Ante el juez y ante algunas de sus víctimas, Allison Mack pidió disculpas. Fueron detalladas y parecieron sinceras. Dijo que lo que hizo fue por “una inclinación equivocada a las enseñanzas de Raniere”. Que en el momento de ingresar a la organización ella estaba inestable emocionalmente intentando encontrar el rumbo de su carrera artística y que esa vulnerabilidad permitió que actuara de ese modo. Sostuvo que ella solo buscaba que Raniere de nuevo la volviera a convertir en una gran actriz.

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